La primera vez que entre a un “Temazcal” fue como un regreso al hogar…

Había tenido varias invitaciones por parte de mi amigo Diego Rivera (sí, como el pintor) para asistir a un ritual de temazcal; aunque me había contado maravillas, a decir verdad la idea de meterme a un lugar obscuro a sudar no me entusiasmaba mucho, pero un día me dijo que si quería vivir y compartir la experiencia con el era mi última oportunidad, pues se iba a ir a vivir a fuera de la ciudad. Accedí mas por el hecho de que era la ultima vez que quizá lo vería en mucho tiempo, y la verdad es que muy en el fondo algo en mi alma resonó.

Antes de entrar me explicó varias cosas, qué había que estar en silencio y meditación pues era una ceremonia ritual, pedir permiso para entrar, caminar en sentido de las manecillas del rejoj y nunca regresar, no cruzar las piernas, pero sobre todo me dijo que tenía que ser guerrera y “aguantar vara” (en México quiere decir algo así como: no quejarse), aunque me la pasé preguntándole el porque de todas esas “instrucciones”, se limitó a decirme que ya adentro entendería todo.

Puedo decir muchas cosas acerca de esa primera experiencia, pero creo que de todo ello, la esencia es que sentí que era un regreso al hogar, pues el estar el silencio en un lugar en completa oscuridad, calientito, a veces sentada, en posición fetal, acostada cuando el cansancio vencía, me hizo sentir tan cobijada, protegida, apapachada y sobre todo amada por la tierra, que es tu contención en esos momentos y sí, cualquier semejanza con nuestros 9 meses de gestación son casuales.

El temazcal fue el primer lugar donde encontré la magia del silencio interior, pues aunque se escuchaba la voz del guía, al estar en completa oscuridad es mucho más fácil ir hacía adentro  y en ese momento es donde puedes entregarte totalmente a la experiencia y a todo lo que de tu ser emerge.

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Y cuando digo todo incluye justo eso, TODO, pues surgen miedos, claustrofobia, desconfianza, confusión, incomodidad, desesperación, ansiedad,  pero también voluntad, certeza, fortaleza, humildad, paz, gratitud, satisfacción y poder personal, sí, todo ello alineado y en total reflejo de nuestro interior.

Temazcal viene de los vocablos en nahuatl “calli”/casa y temaz “vapor”, por lo cual se traduce como casa de vapor, el ritual se divide en cuatro movimientos de energía dedicados a cada rumbo cardinal (norte, sur, este, oeste) y a la energía que cada uno representa, se camina hacía la izquierda por que es el lado donde esta situado el templo corazón y se colocan al centro las abuelitas piedras que previamente fueron calentadas en un fuego ritual que representa la energía solar y de renacimiento, de acuerdo al objetivo del temazcal es el numero de piedras que se colocan al centro, las piedras son bañadas con atlachinolli (agüa quemada) que es una preparación de te de hierbas medicinales de acuerdo al objetivo del temazcal.

El temazcal, llegó a mi vida para quedarse, o mas bien mi vida llegó al temazcal para quedarme, hoy agradeco a mi amigo Diego el haberme presentado la tradición temazcalera,  pues incluso años después de mi primer contacto me forme en la tradición mexica para poder guiar este bellísimo ritual, herencia de nuestros ancestros.

Si tienes la oportunidad de vivirlo, no dejes de experimentarlo al menos una vez en tu vida , quizá encuentres ese espacio de Amor que te describí.

Tlazohcamti,

Nayeli Acevedo