El Gran Espíritu, Yo Soy el que Soy, me legó este bello amanecer, matices de la intemporalidad, para conducirme más allá de las encrucijadas del tiempo relativo, en el cual todos soñamos.

Y al oído de mi alma polifacética y multidimensional me dijo:
Venado Luz, querido hijo y representante de la Luz Universal y de la cíclica y eterna manifestación espiritual, eres una gota del océano cósmico, una chispa encendida con todas las cualidades del fuego omniversal; pero nunca olvides tu real ser, porque tú siempre has sido, eres y serás.

Eres un reflejo de todas las células que proliferan a tu alrededor y configuran la constelación de la humanidad que te tocó habitar en la presente encarnación, para completar tu presencia Yo Soy y complementar con tu ejemplificación la voz una, que ha venido cruzando todas las dimensiones para manifestar tus múlticuerpos, en esta estancia impermanente, una vez más.

Nunca dejes de seguir tu intuición y dejar de percibir que, a pesar de que todo transita y aparentemente es impermanente, tu verdadera naturaleza nunca cambia y ha venido permaneciendo a través de las edades y por supuesto seguirá manifestándose en tus siguientes existencias, puesto que es él lo que es y nunca dejara de ser.

Tú eres el yo de todos y el yo de todos está en ti, como una indisoluble unidad. Nunca serás más, pero tampoco menos, puesto que el arquetipo eterno no crea muros divisorios; no es clasista ni materialista y les donó una sola tierra donde el dinero no tiene el poder.  Es por eso que la verdadera religión prevalecerá y unirá a todos tus hermanos de raza de la estrellas, para cantar un himno victorioso del amor como regente único y supremo hilo aglutinador.”

Padre Eterno, lleva mi alma o esencia de luz otra vez a desplazarse etérea por tu inconmensurable presencia y hazme sentir total en mi retorno a casa, donde tuve que ser el hijo pródigo y pasar por todas las pruebas del Samsara, como un actor consciente, constante y sonante de la sinfonía vibratoria de tu sonora forma impermanente de existencia. Para finalmente y a tu estilo revelarme las presencias sublimes de tu existir, a las cuales me rindo.

 

Venado Luz