La Fe en uno de sus matices, es probablemente tener esa certeza de que todo lo que pasa en nuestra vida, tiene una razón de ser y que siempre a pesar de que algo pudiera resultarnos doloroso o difícil, sucede número uno, porque así lo elegimos y número dos, porque es  para nuestro mayor bien y es parte de nuestra evolución.

Alguna vez, escuché cuando alguien decía que era fácil tener Fe cuando todo iba bien; pero ¿Qué hay de esos momentos donde nos sentimos rotos por dentro? ¿Cómo se accede a ella? Es complejo,  y tenerla bajo esas circunstancias, implica un reto en sí mismo. Pero tal vez, habría que detenernos y preguntarnos ¿Cómo se resuelve un laberinto?, la respuesta es: Viéndolo desde arriba.

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Encontrar la Fe en esos momentos difíciles, donde no ves la salida, es justo eso: mirar el laberinto desde arriba y en ese momento, el laberinto posiblemente significa dolor, culpa, impotencia, miedo o cualquier emoción que nos esté provocando el estar inmersos en situación que nos llevan al límite, y ver desde arriba significa hacerle frente e integrarle, para luego poder  transmutar todo eso, dejar ir esas emociones,  trascender el ego, encontrar el reflejo y el reconocimiento de la enseñanza que trae consigo y de lo que está aportando a nuestro aprendizaje y crecimiento.

A veces, son enseñanzas respecto a cosas que no hemos querido entender y que solo viviéndolas así, en el límite, nos vamos a sentar a revisar qué hay  en nuestro interior y se van a mostrar de frente y sin máscaras,  para luego poder ver que hay más allá y romper las cadenas que habían formado.

Este proceso a veces puede ser fuerte, el ver desde arriba el laberinto no implica que va ser fácil o que se va a aclarar todo lo que existe ahí de inmediato y se van a quitar esas paredes inmensas; pero por más altas y complicadas que parezcan, están ahí por alguna razón y al traspasarlas  tendremos el  panorama completo de, a dónde nos va a llevar el haber pasado por todo ello.

Así que, durante estos procesos que ponen a prueba nuestra Fe, nunca hay que olvidar la Compasión, hacía nosotros mismos y hacía la situación en sí. Y tengamos esa confianza en que nuestra Divinidad (como sea que la concibas), nos está llevando hasta ese lugar de amor y entendimiento.

 

Con inmenso Amor,

Nayeli Acevedo