Nos enseñaron a hacer las cosas más por un deber, que por un quiero; debes ir a la escuela, debes hacer la tarea, debes tener un empleo, debes forjar un patrimonio, debes ejercitarte, debes comer proteína, debes….debes.

Quizá no lo notamos, pero vivimos en un sistema que nos ha llenado de deberes, que nos ha “domesticado” y llenado nuestro día a día de acciones que quizá son benéficas para nosotros, pero en esa programación, vamos perdiendo la verdadera razón del por qué hacemos tal o cual cosa y en consecuencia olvidamos la esencia de lo que aporta a nuestra vida y eso nos lleva a la desconexión  y a no disfrutar el presente.

Quizá les paso cuando niñas, que si no querían darle un beso a una tía, nuestros padres nos obligaban a saludarle con cariño y entonces venía la programación; si lo analizan un poco, seguro encontrarán bastantes ejemplos así en su vida; hoy ya no hay padres, hermanos, maestros, nanas, que nos digan qué hacer y aún así seguimos haciendo cosas por compromiso o deber. En éste artículo más que  desmenuzar esas programaciones y su origen,  quiero hablarles de retomar nuestro poder y “darnos permiso”.

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Sí, darnos permiso para vivir y experimentar fuera de esas condiciones, esta es una invitación a vivir desde nuestro libre albedrío, nuestras ideas, nuestros sentimientos, nuestra libertad de elegir. Honremos y respetemos ese espacio en el que en vez de ir a una reunión por compromiso elegimos quedarnos a relajarnos y ver una película en casa, honremos y respetemos ese momento en que cancelamos una cita de trabajo para estar más tiempo con nuestra familia o pareja, honremos y respetemos el decidir no contestar una llamada o mensaje que nos va drenar e invertir esa energía en un proceso más creativo, honremos y respetemos el no hacer nada simplemente para mirar en nuestro interior; no estás siendo egoísta, estas honrándote y respetándote a ti mismo.

Este también es un llamado a ir más allá, a encontrar o recordar la verdadera motivación para sentir, pensar o hacer solo lo que nos suma, lo que nos hace sentir expansión y conexión,  pues así  lo estaremos haciendo desde adentro, desde el corazón y elegiremos conscientemente, segundó a segundo, minuto a minuto, día a día a qué o a quién le dedicamos nuestro tiempo, amor, energía y estaremos viviendo en un estado de mindfulness permanente.

Con amor,

Nayeli Acevedo